STELLA ARBER

Sus invitados, intrigados en principio, agradecidos después, tampoco sabían a qué iban: se encontraron con “otro lugar” para manifestarse, “un lugar” para jugar, interactuar y para dejar parte de su historia sobre la mesa.

Con nada más y nada menos que sus historias de amor, sus desencantos, sus aventuras furtivas o sus dolores y, de esa manera, con el corazón de ellos en sus manos, Farah compuso escenarios posibles y vivió, con todos los presentes, una instancia universal. Así dejó vulnerables a sus invitados y comprendió, a través de ellos, que el arte y la vida tienen un vínculo ineludible y una trama urdida desde siempre. Solo había que provocar los hechos para descubrirlo una vez más.

LIC. STELLA ARBER

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