Los ojos de Virginia Farah son ojos que desenfocan y se han entrenado para observar, sin mirar, para prestar una atención superficial sobre los hechos. Una falsa enfocadura que justifica sus intensiones, y hace que no distinga adecuadamente, son los ojos moldeados a imagen y semejanza que la TV define y codifica. Estos ojos dejan pasar sin advertir, importantes detalles cargados de sentidos. Están apagados y sus retinas vulnerables desdibujan cualquier escena, hasta aquellas que acaparan la atención del más distraído. Son selectivos y responden a las consignas: lo fácil, lo simple, la superficie, así, sin complicaciones, los ojos creados por Virginia Farah recurren una y otra vez a las rápidas variaciones, a las exploraciones determinadas y a las oportunidades resueltas. Cuando el panorama se complejiza, la mirada se dirige hacia otro lado, está en apuros en la temeridad que implica confrontar, profundizar, y operan sobre la verdadera realidad.
En cambio las bocas, visiblemente modeladas una a una, pero estrictamente iguales a todas, son perfectas, de aspecto rozagante, son las bocas deseadas, son las bocas a pedido, con patrón predeterminado, conseguidas a fuerza de agregados químicos capaces de brindar elasticidad, tonicidad, juventud y belleza. Suaves, carnosas, audaces, seductoras, soslayan la cuestión más inquietante de la estética física, y producen el efecto conseguido.
Virginia Farah las repite intencionalmente y en regularidad, realiza con ellas algunos cuestionamientos, sobre la actual manera de conseguir, partes del cuerpo, con las que no nos conformamos y deseamos cambiar. Así impulsa la reflexión sobre este comportamiento humano, así aporta también, su propia mirada sobre la manipulación orgánica y la obsesión por la belleza.
A su vez esto que ella cuestiona, nos permite observar, cómo se transforma nuestro desordenado y complejo entorno en algo que provee una ordenada belleza. Lograr el efecto y mostrar que todo puede metamorfosearse y hasta manipularse hasta lograr un “reino simple y en orden”. Orden facilitador, deseado y adquirido a expensas del verdadero significado de la existencia humana.
La boca habla, grita, ríe, come, besa, todas acciones naturales, que a las bocas de Virginia Farah le están vedadas, son sólo bellas pulpas carnosas de curvadas y llamativas formas. Estas bocas controladas, son una versión exuberante y prolija a imagen y semejanza, ellas coronan centellantes y chillonas el rostro portante.